El retortijón libertario (1989-1992)
Un Colico de cuatro años
Aunque la inconstancia, el “pajeo” y los bajones eran parte de su ser, este grupo de anarcos(as) puede pasar a la historia como uno de los (ir)responsables de resucitar, en la capital de Chile, al movimiento que, si bien nunca muere, suele estar frecuentemente de parranda.
La experiencia del Colectivo Libertario de Comunicación (Colico) se desarrolló durante cuatro años, entre 1989 y 1992. Sus integrantes provenían de distintos ambientes libertarios. La primera vertiente se produjo por el contacto entre dos retornados de Europa con un estudiante de Periodismo de
A este trío se sumaron luego otros tres alumnos de Periodismo de
El local en la calle Londres
Posteriormente, el grupo consiguió un espacio en el local del Instituto de Ecología Política (IEP), en el centro de Santiago. Por esa misma época, debido a la presencia en diversas manifestaciones callejeras, se tomó contacto con Sergio, un joven chileno que estudiaba sociología en Berlín, por lo que fue apodado “Otto”. Este, a su vez, conoció en la calle a la que sería la otra vertiente del colectivo, un grupo de jóvenes pobladores de la zona norte de Santiago. Estos acababan de egresar de la enseñanza media y eran ex militantes de partidos de izquierda: comunista, Mapu-Lautaro, MIR, trotskista, y de comunidades cristianas de base. Conocidos como Lapa, Mono, Pelao y Leo, aportaron la veta "popular" al grupo.
Aprovechando los computadores de
Como las reuniones de coordinación eran tan numerosas y llegaban muchos jóvenes desconocidos, hubo más de algún problema, como el robo de un dinero desde el escritorio de los ecologistas. Este suceso llevó a abandonar ese recinto. Sin embargo, ese espacio significó el encuentro entre diversos sectores interesados en las ideas anárquicas: se pudieron conocer antiguos militantes anarcosindicalistas, jóvenes universitarios, estudiantes secundarios, músicos y artistas, feministas, etc. Nunca se llegó a consolidar una coordinadora permanente.
La muerte del Lolo
Jorge Saball (Lolo) padecía agudos dolores de cabeza y diariamente tenía que tomar medicamentos para estabilizar su metabolismo. Esto era secuela de una operación al cerebro que le habían realizado para extirparle un tumor. Para mediados de 1991 el cáncer se había extendido irremediablemente. El Lolo había dispuesto todo para que su velorio y cremación fueran actos libertarios: banderas negras, himnos anarquistas, discursos, etc. En concreto fue una manifestación de diversidad: mientras su madre con amistades de ella rezaban por su alma, ácratas reunidos conversaban sobre cualquier tema, al igual que sus ex compañeros del Mapu, y de fondo música catalana. El velatorio se llevó a cabo en Tekhne, centro de tecnologías alternativas, lugar donde el Lolo desempeñó sus últimas funciones laborales. Hasta un tiempo antes de su muerte había estado traduciendo del francés al castellano el libro “El cosaco de la libertad”, escrito por Alexander Skirda, acerca de la vida del legendario guerrillero ucraniano Nestor Majno.
Vínculos y dispersión
Las principales relaciones de los miembros del Colico se dieron con grupos ecologistas, feministas, indigenistas y con bandas de harcore punk.
Junto con alumnos de
Además se estableció contactos con grupos e individualidades libertarias de
Si bien este colectivo no se destacó por ser muy “eficiente” ni “productivo” en lo que se refiere a la propagación de las ideas anarquistas, es indiscutible que jugó un importante papel en la reaparición del activismo libertario en la capital de Chile.
La última formación del Colico estaba compuesta por Pelao, Mono, Leo, Wari, Roberto, Elena y Antonieta.


0 Comments:
Post a Comment
<< Home