CUESTIONARIO BÁSICO
Experiencia política personal:
1. Si es el caso, ¿qué lo llevó a catalogarse como “anarquista” o “libertario”? (experiencia personal y política externa)
1. Si es el caso, ¿qué lo llevó a catalogarse como “anarquista” o “libertario”? (experiencia personal y política externa)
Fue más o menos a los 13 años cuando tomé conciencia de la aplastante injusticia social, y sentí que la pobreza, las desigualdades, los abusos, eran responsabilidad del sistema capitalista. Por razones familiares y del ambiente en que crecí –barrio alto, colegio católico particular, clase media acomodada-, mis primeras inclinaciones fueron hacia posturas nacionalistas y humanistas cristianas (corporativismo, colaboración entre las clases). En 1983 fui presidente del Centro de Alumnos de mi colegio (San Pedro Nolasco), posición desde la cual, en colaboración con otros alumnos, introdujimos el tema de la defensa de los derechos humanos y de la participación democrática. Hay que tomar en cuenta que, después de 1973, ese establecimiento tuvo como rector a un capellán militar y que se convirtió en un lugar escogido por los uniformados para colocar a sus hijos.
Una vez ingresado a la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Católica (1985), abandoné progresivamente mis anteriores simpatías, ya que llegué a la convicción de que lo más razonable y humano era aspirar a una sociedad sin clases. Si bien pasé a definirme como de izquierda, nunca quise integrarme a un partido político. Fui invitado a participar en las JJ.CC, la FJS (Nuñez), y realicé cursillos de formación en la JS (Almeyda), en el Movimiento Humanista y en el Mapu. En el segundo semestre de 1985, intensifiqué mi actuación en las movilizaciones estudiantiles. En enero del año siguiente, integré los trabajos voluntarios de la Feuc en la zona mapuche. En esas instancias pude conocer a militantes de todo el espectro político opositor a la dictadura. Hacia fines de 1986 me sumé al Ria, agrupación estudiantil de tintes libertarios, nacida para protestar por el manejo "cupular" que los partidos políticos hacían en la organización estudiantil. Allí colaboré hasta 1987, sobre todo en la difusión del periódico El Choroy. Fue allí donde conocí a jóvenes que se identificaban con el anarquismo, como Pablo Alvarez, Marcelo Mendoza, Mauro Espinoza, Juanse Barros, Rosario Puga y Alejandro Espinosa, entre otros. Ese mismo año ingresé a la Escuela de Periodismo de la UC, que contaba con presencia de núcleos vinculados al MIR. Aunque no formé parte de esas instancias, trabé amistad con varios estudiantes que frecuentaban esos grupos. Fui a trabajos voluntarios en la zona rural de Melipilla, y en poblaciones populares de Santiago, como La Legua y La Bandera.
Por mi participación en el Ria, tuve contactos con Oscar Ortiz, quien en esa época era secretario personal de Clotario Blest y coordinador del Centro de Estudios Hombre y Sociedad. Allí conocí a viejos militantes anarcosindicalistas, como Carter, y a anarquistas específicos, como Ego. Además, en esas instancias adquirí conocimientos acerca del movimiento alternativo mundial, de los ecologistas, del cooperativismo, de la vida de Clotario Blest, la desobediencia civil, la no-violencia activa y de la lucha por los derechos humanos.
En 1988, por intermedio de un amigo socialista, me inscribí como apoderado de mesa del PPD. La campaña por el No la realicé con el grupo que en la UC estaba ligado al Mapu. El triunfo del No en el Plebiscito la viví con un dejo amargo; algo hacía presagiar que la transición a la democracia sería larga y frustrante. A fines de aquel año, por intermedio de Oscar Ortiz, conocí a Jorge Saball y Roberto Torres, militantes anarquistas que regresaban de sus exilios en Europa. Junto a Rodrigo Manríquez, Jorge Moraga y Rodrigo Mundaca –compañeros de Periodismo-, formamos el Colectivo de Comunicación y Prensa Libertaria.
En 1989, realicé un estudio con trostkistas en el campus oriente de la UC; me ofrecí a confeccionar un mural sobre la vida de Trotsky. Esta tarea me entregó información acerca de la participación de anarquistas en el alzamiento de Kronstadt y de la guerrilla majnovista en Ucrania, ambos movimientos reprimidos por el Ejército Rojo, al mando de Trotsky. Después de eso, opté definitivamente por el anarquismo.
2. ¿Ve alguna diferencia entre ambas denominaciones?
En cualquier diccionario o enciclopedia aparecen como sinónimos, junto con ácrata. No obstante, el segundo término se utiliza muchas veces como calificativo para otras tendencias ideológicas afines, como marxistas, humanistas, ecologistas, etc.
El problema del término anarquía es que está asociado, en el imaginario social, con desorden, confusión, violencia, terrorismo, caos, vandalismo, en fin, con emociones negativas, etc. La voz ácracia o ácrata es tan poco conocida, que sólo la entienden las personas más interesadas en temas doctrinarios.
La palabra libertario tiene una connotación más positiva; por algo la usan las más variadas posturas para autocalificarse sus supuestas virtudes. He escuchado o leído expresiones como nacionalismo libertario; la han usado sectores conservadores y reaccionarios (neoliberales, Pinochet, etc.), y también algunos sectores marxistas.
Creo que hay que usar cada uno de estos términos en su momento, circunstancia, oportunidad, situación concreta. Lo mismo que anarcocomunismo, socialismo libertario, etc. No me parece necesario el uso exclusivo de una de ellas, ni prioritario escoger una denominación específica.
3. ¿Cómo llevó a la práctica su propuesta de acción política, social o contracultural? (a modo individual, conformación de colectivos u organizaciones, inserción en agrupaciones sociales o de estudio, etc.)
A fines de 1988 creamos el Colectivo de Comunicación y Prensa Libertaria, el cual produjo un par de programas radiales para la Radio Libertaria de París. Luego, se transformó en Colectivo Anarquista, que fue el que editó el primer número del periódico Acción Directa. Posteriormente, le pusimos Colectivo Anarquista de Comunicación Libertaria, y sacamos el segundo número del Acción Directa. Finalmente, nos denominamos Colectivo Libertario de Comunicación, el cual confeccionó algunas publicaciones hasta mediados de 1994. (Estos cinco años de actividad están relatados en un artículo próximo a aparecer).
Aparte, habría que señalar mi participación en el grupo pro Fundación Clotario Blest (1993), en el Colectivo contra el Servicio Militar Obligatorio (Cosmo)(1992), en la Revista El Canelo (1992-93) –cuyo director era Marcelo Mendoza-, en el Boletín La Hoja de las Organizaciones Económicas Populares (1993-1996) –editada por varias ONGs-, en el Proyecto Elsa (Imprenta Libertaria) (1993-1997), y en el Proyecto Anarres (Gráfica Libertaria)(1994). En cada una de estas iniciativas, lo más concreto fue la difusión de las ideas libertarias, a través de artículos, programas radiales, debates, afiches, panfletos y otros materiales impresos. Cabe destacar la colaboración permanente de Ezio Mosciatti, quien, aunque nunca se ha definido como anarquista, siempre ha estado dispuesto a cooperar con sus habilidades gráficas y creativas.
4. ¿Con qué tropiezos internos y externos se enfrentó una vez en desarrollo su proyecto político, social o contracultural? (relación con otros grupos socialistas revolucionarios, etc.)
En cuanto a los tropiezos internos, creo que había algunas conductas que no eran acordes con las ideas profesadas. Abundaban las descalificaciones y el pelambre entre antiguos militantes, las acusaciones, los conflictos. Por ejemplo, más de un compañero fue sindicado por abuso de alcohol o drogas, depravación, asalto a mano armada para fines personales, por usufructuar de las ideas, por actitudes sectarias. Hubo quien fue acusado de estar vinculado con grupos nazis, y de haber sido informante de servicios de seguridad de la dictadura, etc. Junto con esto, también se percibía una dosis no despreciable de confusión ideológica, existía una falta constante de recursos, y sobraba la depresión, la irresponsabilidad, el abatimiento y el “pajeo mental”.
Con respecto a los tropiezos externos, pienso que uno de los más importantes se daba a nivel de “opinión pública”. Cuando se reinició la agitación libertaria en lugares públicos, en 1990, estábamos en presencia, en el común de la gente, de una asociación de ideas, en relación a los anarquistas, que era bastante adversa. Esta distorsión o “asesinato” de la imagen había sido propiciada por casi todo el espectro político y por la prensa, vinculando a los anarquistas con bombas, atentados, bandidaje, vandalismo, delincuencia, etc. Existía una percepción del anarquismo como una corriente pretérita, obsoleta, que tuvo un pasado glorioso, pero que hoy ya no está acorde con el “mundo moderno”. Era una situación parecida a los radicales. Expresiones como ¡¿todavía existen?! Cabe recordar los prejuicios y las tergiversaciones provenientes de la izquierda autoritaria; basta citar los comentarios de Pablo Neruda en su autobiografía “Confieso que he vivido”. Se presenciaban opiniones tendenciosos en TV.
Hay dos personajes conocidos que han sido tildados de anarquistas, sin tener ninguna relación: el escritor Enrique Lafourcade y el comentarista Fernando Villegas. Esto demuestra la ignorancia que se tiene acerca del movimiento libertario. Se cita a Chomsky, pero sin decir que es anarquista. La prensa, cuando un atentado explosivo no tiene una fuente declarada, muchas veces la atribuye a grupos anarquistas. Es un chivo expiatorio siempre a la mano para las autoridades y la prensa complaciente.
Como dijo un compañero, la presencia ácrata incomoda a muchos, ya que, en el campo de la izquierda, significa una “cuña” que se mete entre la socialdemocracia oportunista y las tendencias autoritarias, estatalistas y militarizantes.
5. ¿A qué autores o personas ha tenido acceso o usted considera como sus influencias teóricas, prácticas, personales o ideológicas en el ámbito de lo libertario? (preparación intelectual)
Autores: Pedro Kropotkin, Eliseo Reclus, Gustav Landauer, Errico Malatesta, Miguel Bakunin, Pedro José Proudhon, Volin, Murray Bookchin, Noam Chomsky, Angel Capelletti, Luigi y Luce Fabbri, Emma Goldman, Luisa Michel, Cornelius Castoriadis, Guy Debord, Fernando Savater, etc.
Las personas que han influido en mi orientación libertaria son: Pablo Alvarez, Marcelo Mendoza, Alejandro Espinosa, Oscar Ortiz, Roberto Torres, Jorge Saball, Walter Reyes, José Ego-Aguirre, y Carter.
6. ¿Cuál es su relación, experiencia u opinión respecto a la violencia política?
Pienso que en este tema, que es muy complejo, se pueden tener principios claros, definidos, pero se debe actuar con flexibilidad, en relación a las situaciones. Creo que es posible conciliar una disposición o actitud pacifista con una conducta que en determinadas circunstancias haga uso de la violencia física. Así como hay ocasiones en que podemos ser como el junco que se dobla en el temporal, y que por lo mismo logra sobrevivir, o que, luego de ser golpeados, colocaremos la otra mejilla -con lo cual seguiríamos los consejos tolstoyanos de la no-resistencia al mal-, existen otros escenarios en que no queda otra salida que usar la fuerza e incluso las armas. Hay momentos en que ni siquiera queda el expediente del escape.
Tengo una opción preferente por la no violencia activa. Sin embargo, como dijo Gandhi, si hay que escoger entre la cobardía y la violencia, me quedo con ésta. En todo caso, la violencia debe enmarcarse en consideraciones de legitimidad que sean evidentes: sobrevivencia, defensa, resistencia. Aunque está claro que la reacción actúa con una violencia que no admite contemplaciones, eso no justifica el maquiavelismo; no se puede construir un mundo nuevo con los medios del antiguo.
Encuentro absolutamente contraproducente la idolatría de la lucha armada, que se delata, por ejemplo, al usar las armas como símbolos en los emblemas (ejemplo: FPMR). Esto no obsta para que se tenga una política armada o miliciana, ya que por muy circunscrito que se plantee el recurso a la violencia política, se debe estar preparado.
Si alguna vez los anarquistas deben cargar armas y embarcarse en conflictos bélicos (Revolución rusa, Nestor Majno, Guerra civil española, etc.) debería ser siempre por situaciones excepcionales, en forma transitoria, con modos milicianos (democráticos), y con una ética de guerra intachable (respeto a los civiles, trato humano a los prisioneros, etc.). También es preciso tener claridad respecto al tema de las armas después de un eventual triunfo revolucionario. ¿Cómo evitar la proliferación de bandas, mafias o pandillas armadas?
Pienso que se debe tener una ponderación adecuada del contexto. No se debe tener la misma estrategia en una dictadura, en un régimen totalitario, que cuando el entorno nacional es una democracia representativa, por muy formal, burguesa o “tutelada” que sea (véase el caso de ETA). El terrorismo, entendido como el ataque a objetivos civiles, debe descartarse de plano. Tenemos contextos en que es más apropiada la desobediencia civil no-violenta, pero otros en que sería un suicidio no contar con un sistema de defensa que incorpore el uso de la fuerza armada. Por esto, no es desacertada la idea de la simultaneidad entre el desarrollo de los métodos de acción directa no-violenta, con una preparación miliciana (técnicas guerrilleras) y una elaboración de políticas y estrategias para los posibles escenarios de enfrentamiento armado.
El asunto de la lucha armada debe resolver dos cuestiones fundamentales: el modelo organizacional y la ética o código de guerra. Si el aparato militar se deja en manos de orgánicas jerárquicas y anti-democráticas, surge el riesgo del autoritarismo. La militarización de las revoluciones es un inmenso peligro. Tenemos las lecciones de la URSS bajo Stalin, Kim Il Sung en Corea del Norte, y el genocidio de Pol Pot en Camboya. Además, están las violaciones a los derechos humanos en China, Cuba, etc. En segundo lugar, si no se posee una firme convicción moral, en términos de respeto a los derechos humanos, honorabilidad, sometimiento a los acuerdos internacionales para conflictos bélicos (convenios de Ginebra, por ejemplo), el proceso se expone a su degeneración. Para estos dos aspectos, es preciso contar con sólidos cimientos doctrinarios e ideológicos.
7. ¿De qué modo usted concibe la revolución? (social, cultural, política... acción de masas, espontánea, estallido social, etc.)
Desde mi punto de vista, la revolución más importante ha de ser organizacional. Lo que en filosofía de la práxis se denomina modo de producción y reproducción de la vida. Se trata de un patrón o pauta de relación entre las personas. Varios autores coinciden en que la explotación del hombre por el hombre, la costumbre del dominio de unos sobre otros, provendría de la aparición del pastoreo (Engels, H. Maturana). De ahí habría nacido la práctica de la exclusión, el patriarcado, la guerra y la primera división de la sociedad en clases (amos y esclavos). Este sistema, que ha variado en la forma (esclavitud, feudalismo, capitalismo) no tendría más de diez mil años; tiene una corta existencia, tomando en cuanta que el homo sapiens habría aparecido hace unos 100 mil años. Su dinámica impide ver, a simple vista, las posibilidades de otro modo de vivir.
Hay que aprender de las lecciones históricas que se puedan sacar de todos los procesos revolucionarios, comenzando por el francés. La clásica imagen del alzamiento popular que se toma la Bastilla, el Palacio de Invierno, debe ser revisado. La historia nos muestra que todas esas formas de revolución, que no han sido sofocadas, degeneraron hacia sistemas opresivos y totalitarios. Los anarquistas participaron en ellas, para luego ser reprimidos por las corrientes autoritarias. Habría que preguntarse si los ácratas han sido más perseguidos por los conservadores o por el terror rojo.
Un compañero ecologista me presentó la imagen de un proceso revolucionario gradual y permanente, que va construyendo un mundo alternativo que reemplaza progresivamente al sistema actual. Finalmente, “la Revolución” se reduce al desmoronamiento de una cáscara vieja y vacía. Aunque esta visión es algo idílica, pienso que es difícil creer que los choques frontales puedan tener éxito; el poderío de la reacción y el peligro de los desvíos autoritarios deberían persuadirnos de esos intentos. Comparto, más bien, la idea de un constante roer al sistema, en todos los ámbitos, reemplazando las pautas de relación verticales por otras horizontales. Esto no excluye revueltas, escaramuzas, choques, levantamientos periódicos, según las circunstancias. Me inclino hacia una concepción revolucionaria como es explicada por Eliseo Reclus en su libro “Evolución y Revolución”.
Pienso que la historia nos muestra demasiados ejemplo de anarquistas jugándoselas hasta las últimas consecuencias por revoluciones conducidas por socialistas autoritarios (bolcheviques). En el libro “Dictadura y Revolución”, escrito por Luigi Fabbri entre 1919 y 1921, se plantea que los libertarios deberían apoyar todo proceso revolucionario de tinte izquierdista, aunque en ello resultaran reprimidos los compañeros. Creo que después de tanta persecución por parte de los regímenes de partido único, los anarquistas debemos pensarla mucho antes de avalar procesos conducidos por autoritarios.
Análisis crítico:
8. ¿Cuál es su opinión y análisis (auto)crítico sobre el movimiento libertario desde su experiencia política, ya sea en el ámbito estudiantil, poblacional, sindical o contracultural? ¿Y cuál fue su relación con esos restantes ámbitos de acción?
Creo que mi accionar –muy desgastador- en el período 1986-1994 explica en parte la “retirada” o repliegue que tuve entre los años 1995-2001. Comenzó con una depresión que experimenté entre 1994-96. Cuando se tienen aspiraciones e ideales muy encumbrados, las caídas son fuertes. Fue pasar del todo se puede cambiar, al nada es posible. Sentí la decepción, la desilusión; se te caen las figuras de los pedestales. Dudas de todas tus convicciones.
En lo poblacional, sindical, no tuve conexiones. Mis vínculos fueron más que nada con los movimientos ecologistas, feministas, homosexuales, autogestionario, economía social (del trabajo o solidaria), antimilitaristas, contracultural (música, revistas, etc.).
Pienso que el movimiento libertario debería ocuparse, también, por responder poderosos cuestionamientos que se le han hecho desde las ciencias sociales. Por nombrar sólo un par: en su libro “Anarquía, Estado y Utopía”, Robert Nozick plantea su simpatía por las ideas libertarias, pero cree que es imposible deshacerse del Estado, pues, análogamente al fenómeno de las mafias y pandillas, que entregan “protección y seguridad” a cambio de la obediencia y la entrega de recursos, en la sociedad siempre aparecería un grupo armado que aspirará a ejercer el mismo control. Esto lo demuestra con ecuaciones matemáticas y concluye que, a lo único real que se puede aspirar es a la existencia de un Estado mínimo, con la sola función de monopolizar el uso de la fuerza. El otro problema proviene de la llamada Ley de hierro de la formación de oligarquías, reformulada actualmente por Niklas Luhman como Ley de la Complejidad. Éste plantea que una de las formas que se tienen más a mano para reducir la complejidad de los sistemas, es recurrir a la formación de jerarquías, por lo que si no se contempla esta tendencia espontánea, inevitablemente y por muy buenas intenciones que se tengan, siempre se llegará a la creación de cúpulas de poder.
Un tercer desafío es el presentado por las ciencias criminológicas, partiendo de Emile Durkheim, que nos muestran la inevitable existencia en las sociedades, de delitos, crímenes, etc. ¿Cómo continuar sosteniendo así como así la abolición de las cárceles, y la liberación de todos los presos comunes?
Estos tres cuestionamientos, si no son abordados por la “intelectualidad” libertaria, pesarán permanentemente en el imaginario social.
Por otra parte, creo que el movimiento libertario tiene la virtud de poder integrar en su doctrina muchas corrientes emancipadoras del conocimiento. Ejemplo de ello son las corrientes artísticas, como el dada, el surrealismo, la pedagogía de la liberación, la antisiquiatría, ...
Creo que es un error identificar nuestro movimiento con una sola tendencia estético-musical, como suele suceder con el hardcore-punk. Afinidad con hippies, trash, metaleros, artesas, grupos folclóricos, etc.
9. ¿Qué antecedentes maneja entorno al movimiento libertario en Chile entre 1973 y 2000? ¿Puede diferenciar ciertas etapas durante este periodo? (resistencia, reconstitución, auge... en relación con qué hechos políticos)
1973-1988: Coordinadora de Estudios Hombre y Sociedad. Actividad en el exilio (Europa). De esta época, recomiendo entrevistar a Oscar Ortiz, Roberto Torres y Walter Reyes (San Antonio). Para saber la historia del Ria, habría que conversar con Marcelo Mendoza, Pablo Alvarez, Rosario Puga, Alejandro Espinosa, Mauro Espinoza.
1989-1994: Colectivo Libertario de Comunicación. Grupo pro Fundación Clotario Blest. Proyecto Elsa.
1995-2000: Proyecto Anarres. El Duende Negro. Bandera Negra. Masapunk Record.
10. ¿Cuál es su visión hoy respecto a la protesta? (contestataria o revolucionaria, eficiente o simbólica, actual o retrógrada)
Siempre debería llevar incluido mensajes de propuestas alternativas. “Otro mundo es posible”, me parece un buen eslogan. Tengo una postura ecléctica. Me parece muy importante la propaganda desarrollada a nivel simbólico, que es donde se produce una de las mayores manipulaciones del sistema.
11. A su juicio, ¿es necesario generar nuevas formas de organización, presión o intervención política?
Una nueva forma de organización política. Me gustan las redes, como síntesis entre la organización clásica y la iniciativa autónoma y espontánea de individuos y grupos. Una red puede incluir a personas, grupos, organizaciones, comunidades, etc. La actual tecnología comunicacional permite la configuración de estas redes. Es necesario experimentar, aprender y desarrollar metodologías y técnicas de funcionamiento en redes.
12. Según usted, ¿existe una relación entre anarquismo y marxismo? ¿A modo de una perspectiva dialéctica o histórica?
Simpre que el marxismo abandone el autoritarismo, verticalidad, jerarquización, centralismo, concepciones leninistas de la relación vanguardia-masa, mecanicismo de las etapas o transiciones, maquiavelismo político, idolatría de la lucha armada. Otra debilidad del marxismo es la monocausalidad, el determinismo económico, que no pondera en su justa medida otros factores, como el político o religioso (Max Weber). En este sentido, Antonio Gramsci, al resaltar la importancia de la cultura, hizo una contribución para el acercamiento entre marxistas y otras corrientes revolucionarias.
Creo que es indispensable, para la formación de cualquier socialista libertario, un estudio básico de marxismo, entendido como una herramienta más de análisis.
Coincidencias entre socialistas revolucionarios de izquierda y anarquistas en la revolución rusa.
Buenas relaciones de anarquistas con trotskistas en la Revolución española. Durante los sucesos de 1968, había afinidad con grupos maoístas, trotskistas, luxemburguistas, etc.
Textos de Daniel Guerin, sincretismo de “autónomos” alemanes, situacionistas.
Así como en el siglo XX hubo muchos libertarios que se pasaron a las filas marxistas, creo que desde hace una década son éstos los que se han ido acercando a las ideas ácratas.
Expresiones como Socialismo Libertario, Sindicalismo Revolucionario, permiten la reunión de afluentes marxistas y anarcas.
13. ¿Cuáles son sus proyecciones respecto al movimiento libertario en Chile? (fortalezas y debilidades)
A nivel mundial:
Después del período rupturista de mediados de la década del sesenta hasta comienzos de los setenta, vivimos una de las mayores contraofensivas reaccionarias de la historia, comparable a la Contrarreforma católica del siglo XVI. El conservadurismo aprendió la lección, y la avalancha derechista iniciada alrededor de 1973 parece no tener fin. Entre medio tenemos las atrocidades y errores cometidos por los regímenes leninistas: genocidio de Pol Pot en 1974, invasión de Afganistán en 1978, matanzas en Tiananmen (China), en 1988, etc., que culmina con el colapso de los países del “socialismo real” en Europa del Este y la URSS. Estos hechos contribuyeron al arrollador empuje de las fuerzas dominantes, que va aparejado de una profunda decepción y desilusión por parte de la gente que quisiera un mundo distinto.
Da para pensar el hecho de que las últimas renovaciones, tanto de derecha como de izquierda, contengan ideas fuerzas tomadas del campo libertario. Es así como el neo-liberalismo ocupa un discurso antiestatal, rechaza la burocracia, enfatiza la iniciativa personal, promueve el Estado mínimo, resalta la libre concurrencia, etc. Por su parte, los socialistas y socialdemócratas, enarbolan la autonomía y protagonismo de la sociedad civil, preconizan la ayuda mutua y la solidaridad, etc. Todos dicen apoyar la descentralización, la autonomía de las comunas y municipios. Además, habría que mencionar a movimientos sociopolíticos que tienen afinidad con ideas libertarias, como los ecologistas, feministas, indigenistas, promotores de tecnologías alternativas, etc.
Proceso de globalización.
Si tomamos en cuenta que el movimiento libertario tiene apenas unos 160 años, y lo comparamos con los más de cinco mil años de historia (escrita) de la humanidad, vemos que es una tendencia con mucho futuro, siempre y cuando absorba y digiera la experiencia acumulada, y no se amarre a dogmas inmutables. El cuestionamiento permanente de la propia doctrina es un ejercicio muy necesario. Debemos desechar la búsqueda obsesiva de la pureza. Si aceptamos la posibilidad de que nunca podamos deshacernos completamente de los Estados ni de las relaciones de poder, si nos convencemos de que la más probable orientación de las revoluciones armadas sea la autoritaria, de que siempre existirán los criminales y sus organizaciones, ¿debemos, por ello, dejar de ser anarquistas, o sepultar al movimiento libertario en el baúl de los recuerdos idealistas? Mi respuesta es que, pese a todo, la intención es lo que vale, y todo espacio liberado será una conquista en una lucha que puede durar mientras exista la humanidad.
En Chile:
Creo que las perspectivas actuales para cualquier movimiento que propugne radicales transformaciones sociales, chocan con una realidad muy difícil. La correlación de fuerzas es extremadamente desfavorable. La reacción, el conservadurismo, la derecha, cuentan con enormes poderes: económico-empresarial, militar, educacional, religioso, cultural (medios de comunicación social), político (la mitad del Congreso y de los alcaldes), y judicial e intelectual. Incluso ya están a las puertas de ganar el poder ejecutivo. La centro-izquierda, representada por la Concertación, vive una situación ambigua y contradictoria; por un lado, están aquellos que han usufructuado del modelo, y que sólo quieren cambios superficiales, y, por otro, los descontentos con la gestión de estos 12 años. A la izquierda de la Concertación se vive la proliferación de una multitud de pequeñas agrupaciones marxista-leninistas o socialistas revolucionarias que son ignoradas por los medios de comunicación (excepto el PC), con un gran desconcierto.
La organización y lucha de los pueblos originarios, en especial el Mapuche, las tentativas de crear un sindicalismo autónomo y verdaderamente democrático, la movilización de los estudiantes secundarios y universitarios, la lenta reactivación de las agrupaciones poblacionales, son indicadores interesantes de un paulatino despertar de los movimientos sociales. El aporte que a ellos entregue el ideario anarquista, en términos de contenidos, métodos y coordinación, es una tarea prioritaria.
El modelo neoliberal-autoritario que la dictadura forjó durante 17 años, caló profundo en la cultura nacional, pues entroncó muy bien con tradiciones y costumbres del pueblo chileno. Considérese que, según connotados cientistas sociales, tanto el fenómeno de la hacienda como de los hijos huachos, habrían influenciado enormemente en la idiosincracia criolla. El legalismo, paternalismo, presidencialismo, individualismo, etc., son características de la política nacional. La cultura organizacional del chileno medio, que ha sido estudiada por algunos sociólogos (Darío Rodríguez), deja muy pocas esperanzas para la difusión de prácticas autogestionarias, a menos que se ensayen modelos que incorporen el individualismo, el “asolismo”. Como dice Maturana, en toda organización laboral coexisten tres redes de conversaciones: la social, la del compromiso laboral, y la jerárquica.
Hay un descontento, una insatisfacción latente con un modelo empantanado, con la cesantía, con las enormes desigualdades (“está mal pelado el chancho”). Que la mayoría de la población del país quiera cambios que la estructura no permite, genera una “olla a presión”. Esa energía puede ser utilizada por las corrientes fascistoides, para descargar las rabias contra minorías étnicas, extranjeros, homosexuales, “delincuencia”, etc. Ya se están produciendo ataques contra los peruanos, los travestis, entre otros. También la frustración puede ser sublimada, mediante el espectáculo, la diversión, el entretenimiento, el "carrete", la frivolidad (circo deportivo-futbolero, farándula, crónica roja, amarilla, vida de ricos y famosos, etc.), o a través del consumismo estéril.
La cuestión es cómo encauzar esa energía hacia el movimiento alternativo. Como una vez afirmó un amigo ecologista, la cuestión es cómo pasar de ser marginal a ser germinal.
Me parece que, comparando con 10 años atrás, la actividad libertaria en Santiago presenta interesantes perspectivas. La presencia de orgánicas como el Cuac, Ja, Hombre y Sociedad, Mesa tolstoyana, Kapa, Biblioteca, Editorial Libertaria, etc. La influencia ácrata en movimientos sociales, como los estudiantes secundarios, gremio de la construcción, universitarios, es promisoria. La probable creación de una coordinadora anarquista. La participación de jóvenes y mujeres, la convivencia de estilos diversos: hippies-artesas, punkis, redskins, etc.
Al hacer un balance de los últimos 15 años (1987-2002), de mi participación en el Ria hasta hoy, creo que el avance ha sido lento y lleno de “porrazos”, pero pienso que de todas las corrientes históricas del socialismo, la libertaria (que no tiene más de 160 años) es la única capaz de responder a las condiciones del mundo actual. Es necesario reactualizar la doctrina con el aporte de todos los frentes del conocimientos (ciencias, artes, filosofía, etc.) y en especial de las ciencias sociales. Teoría del Caos, de los Juegos, de la Comprejidad, etc.
En cuanto a las alianzas, creo que aparte de las clásicas con los socialistas revolucionarios (trotskistas, MIR, autónomos, etc.) –descartando desde luego los vínculos con estalinistas (PC-AP)- me parece que habría que privilegiar las relaciones con el resto del movimiento alternativo (ecologistas, feministas, indigenistas, autogestionarios, étnicos, tecnologías apropiadas, cooperativistas, mutualistas, sindicalistas, místicas y sabidurías orientales de liberación, antimilitaristas, primitivistas, etc.). Es importante insertarse en los distintos movimientos sociales y en las asociaciones ciudadanas de acción concreta.
(Este cuestionario me fue enviado por Andrés Pérez. Nunca se lo mandé las respuestas...)


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