Romeo v/s Don Juan
Creo que en las personas conviven dos tendencias, impulsos o inclinaciones aparentemente opuestas:
Por una parte, existe el deseo de toparse con el “alma gemela”, el “príncipe azul”, tu “media naranja”, el “amor de tu vida”. Este anhelo está asociado a conformar un sistema, una pareja, un matrimonio con alguien que te acompañará por el resto de tus días, que será el padre o madre de tus hijos, etc. Esta imagen está reforzada por los cuentos, historias, películas de amor, románticas. Amor único.
Paralelamente, está el querer ser un(a) Don(ña) Juan(a), tener una colección de hombres o mujeres, con los cuales desatar las pasiones y romances. Implica no amarrarse definitivamente con nadie, sin dejar necesariamente tener buenas relaciones con cada uno(a). Amor libre.
En nuestra cultura patriarcal, judeo-cristiana, el discurso tiende a exaltar la primera de estas inclinaciones y a inhibir la segunda. La práctica, sin embargo, muestra otra cosa. En la mayoría de los casos, la historia nos dice que los hombres han tenido, junto a sus matrimonios (catedral), varias amantes o queridas (capillas). Esta situación es legitimada en los círculos masculinos (mundo masculino) y ocultada al resto de la sociedad, en especial a las mujeres.
La manera en que los varones han logrado desarrollar ambas tendencias es a través de la mentira y del engaño, del doble estándar y la hipocresía. Para conseguir esposa, el hombre “engrupe” con que comparte absolutamente la condición de exclusividad que implica el matrimonio. Pero, una vez que se asegura de contar con su pareja “hasta que la muerte los separe”, se desenvuelve en otro circuito, de amantes, queridas, pololas, carretes, moteles, etc. Esta situación se mantiene por medio de la mentira, de la negación “hasta la tumba”.
Las mujeres, en general, reprimen hasta niveles insospechados la tendencia “donjuanistica”, y aparentemente viven solo con el imaginario de la “media naranja”. Una vez casadas, pasan los días con la incertidumbre de ser engañadas, y, de sospecharlo seriamente, muchas veces se preocupaban de ser la “oficial”. Las mujeres que no se casan, las separadas y las que tienen amantes, son tratadas generalmente como putas, endemoniadas, ninfómanas, etc.
El discurso impositivo dominante es el de la apropiación privada de la pareja, que implica exclusividad sexual, y que se asocia con la reproducción –crecimiento- ilimitado ¿Dónde se haya el origen de este imaginario colectivo? Me parece que la cultura patriarcal, que busca la sumisión de la mujer, se sostiene por un complejo colectivo de inferioridad de los varones. El hombre ha tenido siempre terror de ser, para la mujer, un ser prescindible. Temor resaltado por la cultura de guerra, conquista, del patriarcado. El mito de las Amazonas es muy decidor en este sentido: mujeres que prescinden casi completamente de los hombres (sólo mantienen unos pocos con vida para que aporten los espermios) y que guerrean contra los que las quieren dominar. Son dueñas de sus cuerpos hasta el punto de cortarse un pecho para acomodar mejor el arco.
Una posibilidad de resolver “sanamente” este asunto –y detener esta esquizofrenia social- es desechar de las relaciones hombre-mujer el imperativo de la exclusividad, de la apropiación privada y de la reproducción ilimitada. En otras palabras, superar el discurso-imaginario patriarcal.
Obsérvense los sistemas que se dan en los pueblos que, por sus posiciones geográficas, de difícil acceso, no sufrieron la conquista de civilizaciones patriarcales.
Redes: liberarse de relaciones de dominación, para vincularse en relaciones de amor.
Aceptar la diversidad, a convivir con la complejidad.
Producción y reproducción de la vida humana. Los niños serían criados, apoyados y cuidados por una red de personas, red que estaría coordinada principalmente por la dupla madre-padre, aunque éstos no estén emparejados entre sí. Tendrían mucha importancia los parientes: abuelos(as), hermanos(as), primos(as), tíos(as), etc., y las amistades y parejas de éstos. Apoyado por organizaciones como salas cunas, jardines infantiles, escuelas, etc.
Juego de swinger: intento por conciliar ambas tendencias.

