Santiago de Chile, enero 18 de 1993
Esta segunda carta pretende completar la narración expuesta en la misiva escrita en diciembre.
En primer lugar haré una clasificación de términos para que podamos entendernos mejor. Al referirme a “anarquistas” o “ácratas” hablo de quienes son activistas que han asumido la tradición doctrinaria que se identifica con esas palabras. Es decir, aquellos señalados como más específicos, puristas u ortodoxos. A continuación, están los que se autocalifican de libertarios, representados por quienes se muestran reacios a utilizar el vocablo “anarquía” y no se hacen cargo de la actividad histórica de la tendencia acrática. No obstante, en términos conceptuales e ideológicos comparten la mayoría de los objetivos con los “anarquistas”. Entre estos “libertarios” hay bastantes personas que provienen de partidos de izquierda desencantados de la política. En términos prácticos tienen mayor disposición a actuar en conjunto con otras corrientes que tengan métodos y fines antiautoritarios. Por esto se dice que son más amplios que los primeros. Finalmente están los “alternativos”, para quienes la tendencia histórica anarquista es una más entre varias influencias que dicen reconocer; uno más de los varios ingredientes que conforman su receta. También se declaran antiautoritarios y tienen un marcado tinte ecologista. Debo advertir que como toda clasificación ésta peca de simplificadora, pues entre las tres se presentan más matices.
Ahora me referiré a los grupos que en Santiago responden a esta clasificación. Entre los anarquistas se encuentran los siguientes:
Una vez al mes algunos integrantes de estos grupos se reúnen en un local de los jubilados de la prensa para intercambiar información y programar actividades. Esta reunión hasta el día de hoy tiene un carácter muy informal.
En cuanto a los “libertarios”, por ahora se aglutinan en torno a la –en formación- Fundación Clotario Blest. Es un grupo compuesto por unas diez personas, la mayoría profesionales de
Con respecto a los “alternativos”, la lista es más larga y variada. Es un sector con más años de trabajo en Chile, con más gente, mayores recursos e infraestructura y con muchos contactos y apoyos en el extranjero. En sus filas hay militantes de partidos de centro-izquierda y algunos que desean crear un partido verde (para lo cual ya cuentan con el respaldo de sus similares de Europa). Hay varias organizaciones no gubernamentales que entran en este sector: el Instituto de Ecología Política (IEP), el Centro de Alternativas de Desarrollo (Cepaur), el Programa de Economía del Trabajo (PET),
La pre-candidatura de Manfred Max-Neef
Este asunto nos ha mantenido enfrascados desde octubre del año pasado. Todo comenzó cuando el ala más verde del mundo alternativo propuso convencer a Max-Neef para que aceptara ser candidato alternativo a la presidencia de
Cuando en octubre el IEP le propuso la idea a Max-Neef, éste lo reflexionó unos días y dio vuelta la iniciativa; dijo que estaba por hacer una campaña nacional, paralela a la de los candidatos presidenciales, pero que sería un anti-candidato que no entraría en la competencia electoral, sino que se dedicaría a difundir las ideas del desarrollo a escala humana, que hablaría de los temas ausentes, para así exaltar las neuronas de la gente. Con esa contrapropuesta los libertarios y anarquistas nos sentimos atraídos y decidimos entrar en esa campaña comunicacional. Sin embargo, luego de unas semanas el discurso de Max-Neef cambió y se adaptó más a la idea original de los verdes. Lanzó su pre-candidatura oficial. Las razones que se barajan para explicar ese cambio son que si no lo hacía, no contaría con el financiamiento necesario para una campaña nacional y que si continuaba con el discurso del anti-candidato la prensa no lo tomaría en cuenta. Ante estos hechos, los anarquistas perdieron inmediatamente el interés en participar de esta campaña. En cambio, los libertarios, en actitud más pragmática, decidieron continuar dando su apoyo y trabajo a la pre-candidatura, pero advirtiendo al resto de los que integran la campaña que su participación llegará sólo hasta el momento en que Max-Neef inscriba oficialmente su candidatura presidencial en el servicio electoral. Por lo tanto, tampoco gastarán tiempo ni energías en recolectar las casi 36 mil firmas que necesita para poder inscribirse. Por su parte, la mayoría de los alternativos está por juntar las firmas e ingresar en la contienda política-electoral. Lo más probable es que si logran recolectar esa cantidad de firmas, las utilicen para negociar políticamente con
La pregunta es por qué los libertarios continúan en la campaña si su tesis no fue mayoritaria. La argumentación es que, independiente del curso final que tome la campaña, de todas maneras es posible lograr el efecto comunicativo que se buscaba originalmente. El objetivo de los libertarios es aprovechar los espacios de encuentro que esta pre-candidatura genere para contactar e intercambiar ideas con personas y grupos del mundo alternativo y de la que fuera la izquierda chilena. Se apuesta en el sentido de que después de esta experiencia el ingrediente libertario del mundo alternativo podría aumentar y que el sector libertario podría llegar a ser identificado como un referente atractivo para los desilusionados de los partidos políticos “progresistas”. Lo cierto es que efectivamente en torno a la figura de Max-Neef se están aglutinando representantes de diversos movimientos: estudiantes, trabajadores, intelectuales, indígenas, mujeres, artistas, etc. A ellos se pretende llegar con el discurso libertario, mediante el contacto oral y a través de la revista que está proyectada para marzo.
En todo caso, en la campaña de Max-Neef no está dicha la última palabra. El mismo mantiene cierto grado de misterio y ambigüedad: el objetivo final de su incursión se aclarará en junio de este año, mes en el cual se realizará una Convención en la que participarán todos los que hayan sido parte de la campaña del pre-candidato. En ella se decidirá si se inscribe o no como candidato oficial en el Servicio Electoral y cuál será el destino del conglomerado de personas reunidas en torno a Max-Neef. Desde ya se sabe que el IEP desea crear un partido verde que se inscriba como tal en el Registro Electoral. Otros, como Marcelo Mendoza (editor de El Canelo) quieren que todo el esfuerzo efectuado en los seis meses de campaña se traduzca en la formación de un movimiento organizado, de carácter socio-político, económico y cultural. Un nuevo referente que desarrolle propuestas creativas y concretas para solucionar los problemas locales y regionales, a través de todo el país. Un movimiento social que no tenga un brazo político partidista que lo vaya a distorsionar (como en el caso del PT en Brasil), sino que tenga la fuerza suficiente para obligar a varios partidos a tomar en cuenta sus demandas y que, al legislar, no obstaculicen las conquistas logradas por el movimiento social. La única participación electoral que se permitiría este movimiento como tal sería en el caso de las elecciones de concejales en las municipalidades.
La campaña-aventura de Max-Neef contiene variados y diversos actores. Durante los próximos seis meses se verá si de ella florece algo que valga la pena o si sólo se queda en otro “volador de luces” del mundo alternativo.
Actividad anarquista
Para este análisis tomaré al año 1990 como fecha de resurgimiento de la actividad propiamente anarquista en Chile. En rigor, en nuestro país siempre han existido, en todas las épocas desde fines del siglo pasado, personas y grupos que se han denominado anarquistas. Lo que ocurre es que así como el ideario ácrata tuvo enorme influencia en el origen del movimiento obrero y social, su presencia fue notoria sólo hasta la década del 20 del presente siglo. Aunque a partir de esos años el anarcosindicalismo sobrevive en gremios del cuero y calzado, gráficos y estucadores, reconocidos por su combatividad, su discurso no deja de ser minoritario. La hegemonía del marxismo-leninismo, del humanismo cristiano y del populismo corporativista dejan al anarcosindicalismo en una posición marginal. Esto se agrava debido a que el elemento instruido y profesional (con educación completa) se aleja cada vez más del sector libertario, dejando en él sobre todo a obreros y artesanos con muy poca formación. En este proceso, los gremios identificados con el anarcosindicalismo se destacan por su agresividad pero entran en franca fosilización y estancamiento. Paralelo a esto, emergen líderes de notable preparación y lucidez, como Pedro Nolasco Arratia y Ernesto Miranda, los cuales no logran traspasar sus capacidades a nuevos compañeros. Cuando ellos fallecieron se produjo un gran vacío y atomización del movimiento.
Es posible afirmar que la década del 60, con el impacto de la revolución cubana significa por un lado, la pérdida para el anarcosindicalismo de los últimos gremios en manos de los partidos de izquierda. Pero, durante fines de los 60 y comienzos de los 70, un sector juvenil y educado de la militancia de izquierda entra en una crítica a las doctrinas marxistas y cristianas y se acerca a la fuente libertaria. Esa situación se agudiza ante la evidencia de los errores y contradicciones del gobierno de
A tres años de la reactivación anarquista es posible afirmar que hay pequeños núcleos de difusión ácrata en Santiago, Concepción, Iquique, Temuco y Punta Arenas. La mayoría son jóvenes estudiantes o trabajadores esporádicos. Hasta el momento no se ha hecho ningún encuentro de nivel nacional. Hay bastantes diferencias entre algunas personas y grupos, acusaciones mutuas y metodologías que se contraponen.

